El invierno sería perfecto si se anunciara como visita de médico

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Si Berlín no estuviera tan al norte de Europa, ni alejada del Océano Atlántico, probablemente no imitaría a las golondrinas, que cada invierno migran del hemisferio norte al hemisferio sur en busca de tierras más cálidas para anidar. Claro que en mi caso, más que migrar lo que hago es huir, salir corriendo o desaparecer de Alemania, ni bien el termómetro empieza su descenso en picada, esto es a partir de diciembre, cuando las calles se visten de blanco, los días se acortan y sólo las luces de Navidad calientan el ambiente festivo de esta ciudad.

Es precisamente en esas noches gélidas, con 20 grados bajo cero, que torturo a mi marido con la misma pregunta de siempre: ¿Por qué el “innombrable” en lugar de obsesionarse con conquitar Moscú, no fijó su mirada en los países que tienen salida al mar Mediterráneo?. Conozco la respuesta pero me gusta fantasear e imaginar que estoy escribiendo estas líneas desde un romántico rincón de la Riviera Francesa, con el sol acariciando mi piel y contemplando maravillada cómo el cielo se une con el mar en un azul profundo. Sé que no debo ser ingrata, especialmente cuando la suerte está de mi lado y me permite “esquivar” más de un invierno europeo y sus blancas Navidades.

 

Aunque no lo parezca, no tengo nada en contra del frío, es más, después de ocho meses de calor (cuatro en Lima y cuatro en Berlín), y con varios días achicharrándome con más de 38 grados centígrados –en la sombra- empiezo a sentir nostalgia por las botas de cuero, las chalinas y los gorritos, complementos perfectos para un outfit. En esta época del año, la moda también tiene un encanto especial, sin embargo, para mí el invierno sería perfecto si se anunciara como visita de médico: corta y por temporadas, no necesito más. Pero la realidad es otra, el invierno se extiende más de lo que uno quisiera y la mayor parte del tiempo se demora en partir y dejarle la posta a su vecina, la siempre alegre primavera.

 

Días de sol

Me gusta el verano de Lima, recuerdo cuando mi padres nos llevaban a la playa Santa María, los fines de semana o al Jockey Club del Perú, donde practicábamos natación y otros deportes de temporada. Crecí con veranos de sol, playa y helados D’Onofrio. Si un domingo amanecía nublado, no era preludio de tormentas o lluvias torrenciales, si no de una mañana más fresca y húmeda.

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Lima – Fotos: Promperu.

Lima en verano es más alegre, a mí me gusta el mes de Febrero porque el sol quema y te hace sudar la “gota gorda”, pero nunca hasta el extremo de perder el conocimiento o un ataque de calor, a lo mucho, la temperatura llega a 32 grados centígrados, es decir, soportable con ventilador y una limonada frozen.

Puede que el cielo de Lima nunca esté azul, que la humedad sea tan alta que te hace transpirar como si vivieras metido en un sauna, que la contaminación te obstruya los poros, o que la temperatura del mar siempre esté fría, pero sus atardeceres son un espectáculo para el ojo humano. Las puestas de sol en Lima no tienen nada que envidiar a otros Sunsets que se dan en otras latitudes y que he tenido la suerte de apreciar.

 

Verano en Berlín

El verano en Europa llega casi siempre puntual, como la hora alemana, aunque eso no garantiza una temporada de calor. Sinceramente, no sé de qué depende, “es el cambio climático”, advierten algunos pero nadie sabe explicar por qué un año tenemos verano-otoño (con una máxima de 21 grados centígrados) y otro año, verano-verano (28 grados centígrados promedio), como el que está por terminar. Será por eso que los alemanes ni bien ven salir un rayo de sol se instalan en cuanto espacio verde encuentran para intentar dorar sus “carnes blancas” al sol.

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Berlín

La ciudad de Berlín no tiene salida al mar, pero está rodeada de hermosos lagos y grandes bosques. Para disfrutar de un verano como Dios manda, los domingos voy al lago Wannsee (2.7 km2 y 9 metros de profundidad, en su lado más profundo) porque es grande y tiene arena, sería perfecto si tuviera olas pero tampoco puedo pedirle “peras al olmo”. En la semana, y cuando tengo ganas de pedalear, voy al lago Schlachtensee, es perfecto para pasar un día de campo, en compañía de amigas o para leer un buen libro.

La ventaja del verano europeo es que los días son muy largos: los pajaritos cantan desde las cuatro de la mañana y el sol se oculta recién a las diez de la noche. También la oferta cultural aumenta en los meses de mayo, junio, julio y agosto. Un espectáculo aparte lo brinda la naturaleza con sus tormentas eléctricas, lluvias torrenciales, rayos y truenos, que en más de una ocasión me han sacado de la cama para no perderme el show.

¿Qué no me gusta del verano de Berlín?.

Tres cosas:

1)  No tiene mar.

2) Sus cambios bruscos de temperatura.

3) Y no venden el helado Jet D’Onofrio que tanto me gusta.

2 thoughts on “El invierno sería perfecto si se anunciara como visita de médico

  1. Una cosa por la otra Clo, nuestros Veranos en Latinoámerica son los mejores aunque debo reconocer que no tolero mucho el calor extremo pero el clima acá en Berlín tiene su encanto menos sí, el largo y crudo invierno. Si tenemos la posibilidad de viajar a nuestras tierras, tenemos que aprovechar al máximo el calorcito y la vitamina D para nuestro organismo y no ser tan paliduchas como los Alemanes je je.
    Me encanto tu Blog con las diferencias de los extremos de dónde nos encontramos .Solo nos queda abrigarnos y mantenernos con la calefacción.
    Saludos y esperando el próximo Blog

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