Benedicto XVI en Berlín: “Donde está Dios, hay futuro”

 

El Papa Benedicto XVI no es charapa, ni es carioca*, tampoco tiene la intención de serlo. Por más que se le mire de cerca es difícil encontrar la dulce sonrisa angelical de su antecesor, el Papa Juan Pablo II, menos aún el carisma que caracterizaba al “Papa Peregrino”. Uno fue risueño, espontáneo y alegre, mientras que su sucesor, es menos carismático, más analítico y conservador, sin embargo, los dos personajes buscan un objetivo en común: servir con fervor a Dios.

Mi esposo y yo somos católicos, por eso cuando nos enteramos de que el Papa Benedicto XVI venía en viaje oficial a Berlín, para ofrecer una misa en el Estadio Olímpico, no descansamos hasta tener los tickets de ingreso en nuestras manos. Christian se esmeró en conseguir dos excelentes ubicaciones, no muy lejos del “altar” para observar y escuchar al Sumo Pontífice en la tierra que lo vio nacer.

No era la primera vez que yo iba a un encuentro similar. En febrero de 1985, en Lima (Perú), acompañé a mis padres al Hipódromo de Monterrico para ver al Papa Juan Pablo II (actualmente reconocido Beato). Por ese entonces el país atravesaba una grave crisis económica, y, además, estaba enfrascado en la lucha contra el terrorismo. Recuerdo con claridad que era una mañana calurosa de verano, posiblemente el termómetro bordeaba los 30 grados de calor, con una humedad de 99%, como es usual en esta región. Pero nada de eso nos impidió ir al encuentro del Santo Padre. Había muchísima gente reunida y ahí estábamos nosotros, caminando largas distancias que parecían no tener fin. Felizmente, la viveza de mi papá, unida a la gracia Divina, nos permitió conseguir el único taxi libre que circulaba por esa calle y así evitamos la maratónica caminata hasta el hipódromo.  

Veintiséis años después de ver por primera vez al representante de Dios en la tierra, tuve la suerte de repetir la misma experiencia espiritual pero esta vez en Berlín. Acordé con mi esposo reunirnos en la  estación “Westkreuz”, no muy lejos del estadio. “¿Y dónde está el auto?”, fue lo primero que pregunté cuando lo vi, temiendo de antemano lo que me esperaba con el par de botas (taco n° 5) que llevaba puestas esa tarde. “Todas las calles están cerradas por seguridad, es más fácil y rápido ir en tren”, fue su respuesta y un segundo después viajábamos los dos en uno de los vagones del S-Bahn (red ferroviaria de transporte metropolitano de Alemania) rodeados de una muchedumbre.

Las puertas del Estadio Olímpico (construido para los Juegos Olímpicos de 1936 y con una capacidad para 74 mil espectadores), se abrieron al público a partir de las 2:00 pm, pero la mayoría de peregrinos llegaron a las 4:00 pm porque la ceremonia religiosa estaba programada para las 6:00 pm. Gracias a Dios no tuvimos que hacer largas colas, pero lo que sí me pareció un exceso de confianza fue la seguridad al momento de ingresar, casi ni se dieron el trabajo de revisar mi bolso ni mis pertenencias. Nadie les pide que copien el excesivo y muchas veces incómodo comportamiento de los estadounidenses pero siempre es bueno desconfiar hasta del vecino para evitar situaciones de peligro, como las que ocurrieron en la ciudad de Erfurt (a 300 km de Berlín), donde un hombre disparó con un arma de perdigones al personal de seguridad apostado en las afueras de la Catedral. Fue una suerte que no se reportaran heridos ni daños materiales.

Mar humano. Siempre que voy a un lugar me gusta observar a la gente, a veces peco de “mirona” pero me agrada hacerlo. Ese día habían niños, jóvenes, adultos y ancianos de todas partes de Alemania, Polonia y Croacia. Todos ellos concentrados en satisfacer primeros sus necesidades básicas de comida y bebida. Nosotros también hicimos lo mismo porque sabíamos que la jornada sería larga. A mí lo que me más me preocupaba era confirmar si el estadio alcanzaría su máxima capacidad. “Claro que sí, ya verás”, me dijo mi esposo. Tenía razón, aproximadamente 70 mil almas se congregaron en lo que representó la gran fiesta católica de 2011.

Frente al altar construido en uno de los extremos del estadio se acomodaron en primera fila la Canciller Federal de Alemania, Angela Merkel, el Presidente Alemán, Christian Wulff, el Presidente del Bundestag, Norbert Lammert, gobernadores, ministros del gabinete y otras personalidades de la iglesia.

A las seis de la tarde, el Papa Benedicto XVI ingresó con puntualidad al Estadio Olímpico, en su ya conocido papamóvil blindado. Los asistentes lo recibimos con aplausos y el Santo Padre correspondió a ese cariñoso afecto con bendiciones, sonrisas y besos. A sus 84 años, el Pontífice luce sereno, contento y animado pero sus pasos son cada vez más lentos y pausados, producto de un incansable trabajo al servicio de Dios.

Durante el sermón, explicó que “en la Iglesia hay peces buenos y malos, grano y cizaña, y si la mirada se fija sólo en las cosas negativas, entonces ya no se revela el misterio grande y profundo de la Iglesia”.

Fue un momento hermoso, quizás faltó esa atmósfera cálida y efusiva que nos tenía acostumbrados el Papa Juan Pablo II, pero se entiende que no todas las personas somos iguales y, además, cada pueblo expresa de diferente manera sus emociones, más aún los alemanes, que se caracterizan por ser más serios y poco propensos a exteriorizar sus sentimientos.

La homilía duró dos horas y fue impresionante ver a miles de personas recibir la Eucaristía. Para ello fue necesario reunir 600 cálices, con capacidad de 120 hostias cada una. Luego, el Sumo Pontífice se despidió de los presentes dejándonos la bendición de Dios.

Visita del Papa Benedicto XVI al Parlamento Alemán (Bundestag). Antes de oficiar la misa en el Estadio Olímpico, el Papa Benedicto XVI acudió al Parlamento Alemán (Bundestag) para dirigirse por primera vez en la historia de este país a los diputados de Cámara Legislativa. El Papa destacó que “la política debe aspirar a la justicia”. También sorprendió por su fuerte defensa de la ecología y de los movimientos ecologistas, “un grito de aire fresco, que no se puede ignorar”.

Es importante señalar que en Alemania, el 45% de personas son protestantes (pertenecen a la iglesia fundada por Martín Lutero en el siglo XVI); el 40% de la población son católicos (concentrados principalmente en el sur del país, en Renania y Baviera, donde nació Benedicto XVI); y el 5% restante son musulmanes y/o judíos.

En Berlín, el 9.4% de personas son católicas, de una población estimada en 3.4 millones de habitantes. Es por esta razón que temía una baja asistencia al coloso pero me alegra que la realidad fuera otra.

Cabe mencionar, que unos siete mil manifestantes se apostaron en las afueras de la Sede Legislativa y en Potsdamer Platz, en desacuerdo con la visita del Papa Benedicto XVI a Alemania.

 8° Papa Alemán y 265° en el mundo. Joseph Aloisius Ratzinger, Papa Benedicto XVI, nació en Marktl am Inn, Baviera (Alemania), el 16 de abril de 1927. El 19 de abril de 2005 fue elegido como el Papa 265°, tras fallecer Juan Pablo II. Es también el octavo Papa alemán después de: Gregor V (996), Clemens II (1046), Damasus II (1048), Leo IX (1049), Viktor II (1055), Stephan IX (1057) y Hadrian VI (1523). 

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