Living in Sydney, Toronto and Berlin: 3 peruanas en 3 megaciudades

Nadie dijo que sería fácil, eso lo sabíamos perfectamente las tres, aún así cada una decidió – con miles de dudas en la cabeza pero sin ningún atisbo de pesimismo– darle “play” al nuevo guión de nuestras respectivas películas y lanzarnos a descubrir las ciudades que la vida nos había puesto en el camino: Sydney, Toronto y Berlín.

La idea de poner por escrito la experiencia de tres peruanas en países que guardan entre sí más cosas en común que diferencias (a pesar de los miles de kilómetros de distancia que separan a Australia, Canadá y Alemania)surgió luego de largas e interminables conversaciones vía skype y facebook, en donde cada día la historia de vivir lejos cobraba forma y se enriquecía con todo tipo de anécdotas.


La primera en partir fue mi amiga del colegio Carla, ella dejó Lima en Marzo de 2008. Su viaje duró una eternidad: 25 interminables horas de vuelo con dos paradas obligatorias: una en Chile y otra en Nueva Zelanda. Ella escogió el otro lado del mundo porque sabía que las oportunidades para estudiar y trabajar eran apetecibles para una Ingeniera de Sistemas con experiencia laboral en banca. No sabía mucho sobre Australia pero le bastó la información que un día vio en la película “Buscando a Nemo”.
La segunda en dejar el Perú fue mi prima María Elisa, ella, su esposo y sus dos hijos llegaron a Canadá en Setiembre de 2009. Cargaron con todo lo que pudieron o les permitieron: 8 maletas, 4 carry-ons y 3 laptops. El objetivo de mudarse de país no podía ser otro que ofrecerle a sus hijos un futuro mejor y buscar nuevos horizontes en su carrera como Abogada.

La tercera en seguir la tendencia internacional fui yo. Crucé el charco y me instalé en el viejo continente en Mayo de 2010. Me hubiese gustado vivir en mi país pero mi esposo no se dejó convencer. “Es mucho más fácil para ti trabajar en Berlín, que yo hacerlo en el Perú”, fueron sus sólidos argumentos y no me quedó otra cosa que admitirlo, aunque eso representara un adiós a mi carrera de Comunicadora (no sabía nada de alemán)Felizmente las bondades de la tecnología en Internet me permiten trabajar actualmente como redactora creativa freelance para una compañía internacional, hasta que el “deutsch” decida instalarse cómodamente entre mis neuronas.
Choque cultural y tecnológico
El ser humano tiene la ventaja de adaptarse a cualquier ambiente, sea éste favorable o desagradable, pero por más que pasen cien años hay costumbres, propias de una cultura diferente a la que estamos acostumbradas, que nos resultarán extrañas, en muchos casos anecdóticas y, en otras, divertidas. Veamos con cuáles se identifican Canadá, Australia y Alemania:
  • El futuro es ahora el presente. Sin ánimo de convertirnos en fanáticas del sello “Made in Canada, Alemania o Australia”, la primera experiencia que nos tocó vivir, tras abandonar el avión, fue preguntarnos si habíamos cruzado la barrera del tiempo y por error estábamos a una ciudad futurista.
  • ¿Es feriado hoy? La calma y el silencio es permanente en Toronto, Sydney y Berlín. Nadie toca el claxon de los autos, ni está permitido parlantes con música a todo volumen en los servicios de transporte público, léase taxis, combis o autobús.
  • El paso de cebra no es graffiti. El temor de morir atropelladas en una esquina por un imprudente conductor no se va fácilmente. Por más que la luz verde del peatón esté a nuestro favor, no está demás mirar a la izquierda y a la derecha, aunque a veces esa inseguridad saque de quicio a los citadinos.
  • La hora es la hora. La puntualidad es la característica de estas sociedades avanzadas. Si llegas un segundo tarde te deja el tren y eso significa perder una entrevista o cita importante. Los alemanes son cero flexibles con las tardanzas, en menor grado los canadienses y los australianos.
  • Seguridad a tiempo completo. Ni todo el dinero del mundo puede comprar la maravillosa sensación de salir a la calle sin el temor de que algún amigo de lo ajeno se apodere de tu cartera o cosas personales. Alemania y Australia ofrecen mucha seguridad a sus habitantes pero Canadá es el paraíso terrenal: las 24 horas del día, los 7 días de la semana, las puertas de las casas se mantienen abiertas y a ningún vecino se le ocurre llevarse algo “prestadito”.
  • ¡Adiós mano de obra barata! A llorar al parque si la tapita de tus botas se gastaron, es mucho más barato comprar un par de zapatos nuevos antes de llevarlos a la renovadora. Aquí brillan por su ausencia los cobradores de combis, “dateros” en las esquinas, empleadas del hogar, personas que cargan las bolsas en los supermercados, etc.
  • Ambulancias y bomberos. Si las sirenas se encienden significa que posiblemente hay peligro. La gente lo entiende así e inmediatamente despejan las pistas o carreteras (en algunos casos se estacionan a la derecha de la vía) con el propósito de salvar vidas.
  • Respetos guardan respetos. El descanso y la tranquilidad de cada persona es sagrado y nadie puede interrumpir ese derecho que todos tenemos como seres humanos. En Alemania está prohibido utilizar la aspiradora, el equipo de música o la secadora de cabello, entre las 13:00 pm y las 15:00 pm (de lunes a sábado). Los domingos nadie hace bulla porque es un día familiar y de descanso.
  • La discapacidad no es un problema. Las personas con algún tipo de problema de discapacidad no encuentran ningún impedimento para transportarse en autobús. Todos los servicios de transporte público tienen adaptado una rampa especial para acceder a estos vehículos, además, el conductor está en la obligación de ayudar a estas personas a subir y bajar sin mayor esfuerzo.
  • Multas si lavas el auto en la calle. Si lo haces tus vecinos se sienten en la obligación moral de llamar a la policía y denunciarte como contaminador del medio ambiente. Para eso hay lugares especiales que filtran los productos químicos sin dañar el planeta.
  • Cuerpo sano, en mente sana. Grandes, chicos y ancianos hacen todo tipo de deportes los 365 días del año. El clima no es un impedimento para practicar fútbol, hockey, natación, ciclismo, etc. Con la vestimenta adecuada se puede soportar temperaturas que bajan a -30° o que bordean los 50° de calor, como es el caso de Canadá y Alemania (pero no tan agresivo).
  • El arte no es una pose. Asistir periódicamente a los Museos, la Filarmónica, la Ópera, etc., es parte de su desarrollo personal. Un pueblo culto, es un pueblo rico.
  • El cordón umbilical con los padres se rompe a temprana edad. La dependencia emocional y económica termina a los 18 años. Hombres y mujeres reciben un tipo de formación más independiente que la latina, con el objetivo de que puedan valerse por sí mismos a corta edad.
  • Menos expresivos, más analíticos. El contacto físico y la expresividad que nos caracteriza a los peruanos no se observa en los descendientes de los anglosajones. No es de mal gusto ni raro saludar con la mano, en lugar de poner el cachete con su respectivo beso. Para comunicarse es más o menos lo mismo, muchas veces tenemos que reprimir nuestras emociones y efusividad para no pasar por personajes con un tornillo suelto en la cabeza.
  • ¡Se pide a gritos un Astrid & Gastón! A las tres ciudades les falta un buen restaurante peruano, con una interesante oferta gastronómica. Es difícil conseguir los ingredientes para preparar platos típicos. En Canadá se consiguen en lugares específicos que no siempre están a la vuelta de la esquina y en Alemania se pueden traer de contrabando en la maleta, siempre y cuando a nadie se le ocurra revisar tus pertenencias. Sin embargo, en Australia no ingresa nada porque las autoridades sanitarias son muy exigentes con los controles de calidad y prefieren restringir el paso de todo alimento envasado o embotellado (lácteos), a contraer enfermedades de otras latitudes.

 

 

 

 

 

 

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